De la punción a la transferencia y la beta
De la punción a la transferencia y la beta
Llegamos al corazón del tratamiento. Estos días pasan cosas en dos sitios a la vez: en la clínica, con la donante y el laboratorio, y dentro de ti, con un embrión que está a punto de llegar a casa.
El día de la punción
Cuando los folículos de la donante están listos, se programa la punción ovárica: una extracción guiada por ecografía y con sedación, para que ella no sienta nada. Ese mismo día se prepara el semen (de tu pareja o del banco) y el laboratorio fecunda los óvulos. Tú no tienes que hacer nada ese día salvo, quizá, respirar hondo y mandar un pensamiento de gratitud a una desconocida.
La fecundación y los embriones
Al día siguiente se sabe cuántos óvulos han fecundado. Los embriones se cultivan cinco o seis días hasta llegar a blastocisto, la fase óptima para transferir o vitrificar. El laboratorio te va informando: cada llamada con buenas noticias es un subidón.
Tu transferencia
Es el momento estrella: un catéter finísimo deposita el embrión en tu útero. Dura pocos minutos, no requiere anestesia y molesta menos que una cita de trabajo. Después, vida normal: la implantación no se mejora con reposo ni con supersticiones, y saberlo libera de una culpa enorme.
La betaespera
Los días entre la transferencia y el análisis de sangre (la beta) son un mar de emociones. Por dentro ocurre lo diminuto y lo enorme a la vez: la implantación, el abrazo silencioso entre blastocisto y endometrio. Tú solo tienes que esperar. Y a esperar se aprende, sobre todo acompañada.