Grietas: por qué salen y cómo cuidarlas
Grietas: por qué salen y cómo cuidarlas
Las grietas duelen, y duelen de una manera que desanima hasta a la más decidida. Pero no son un peaje obligatorio de la lactancia: son un aviso de que algo —casi siempre el enganche— hay que ajustar. Con la causa corregida, el pezón se cura solo, y rápido.
Por qué aparecen
- Agarre superficial o postura torcida: el pezón frota donde debería descansar. La causa número uno, con diferencia.
- Frenillo lingual corto o succión con la lengua retraída.
- Exceso de limpieza: frotar el pezón con jabón elimina su película protectora. Con agua basta, y a veces ni eso.
- Tirones al desenganchar: rompe siempre la succión con un dedo en la comisura, jamás tirando hacia fuera.
Qué ayuda de verdad
- Corrige el enganche primero: sin esto, cualquier crema trabaja contra corriente.
- Un par de gotas de tu propia leche extendidas al final de la toma y secado al aire: el bálsamo más a medida que existe.
- Tomas más cortas y frecuentes, empezando por el pecho menos dolido mientras se recupera el otro.
- Conchas de lactancia o lana dentro del sujetador para que el tejido no roce; nada de discos pegados a la herida húmeda.
Cuándo pedir refuerzos
Si en unos días no mejoran, sangran o el dolor te hace evitar las tomas, consulta con tu matrona o con una asesora de lactancia: revisar el enganche en directo resuelve la mayoría de los casos en una sola visita. Mientras tanto, dale preferencia al pecho mejor y con calma: no estás fallando, estás reparando.
Y una verdad para llevar: duele menos una lactancia acompañada que una lactancia solitaria. Pedir ayuda pronto no es rendirse; es la jugada inteligente.